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Situación claustro

     CLAUSTRO

Desde finales del siglo XV se han hecho en la Catedral de Calahorra importantes obras que configuran el actual conjunto. Uno de los más grandes proyectos fue el claustro que nunca se llegó a terminar, por deficiencias motivadas por el río Cidacos.

Los gastos de su construcción se sufragaron, en un principio, a través de una fundación privada; más tarde, también intervino el cabildo; además, por otra parte, se financió con la venta de sepulturas y capillas particulares.

Las primeras noticias que tenemos de un claustro en la Catedral datan de 1453, cuando el obispo D. Pedro López de Miranda falleció dejando un legado que debía usarse para reparos de la iglesia y su claustro.

Con este donativo se comienzan las obras del claustro, continuándose por el sucesor D. Pedro González de Mendoza, a quien diversos autores le han atribuido su comienzo. La construcción continuó a lo largo de la segunda mitad del siglo XV.

En 1470 el cantero vizcaíno Juan de OLAVE reparaba dos machones porque el río los había derribado.

En abril de 1526 se pensó en hacer una puerta del crucero al claustro, para las procesiones, la cual puede verse hoy situada en el sexto tramo desde la puerta de Santa Lucía. Esta nueva puerta, conocida como puerta de las Vírgenes, forma una cúpula entre los estribos hasta el claustro.

No vuelven a tomar auge las obras del claustro hasta 1541-1543 por la muerte de Juan OLAVE II, a quien encontramos en las obras con su tío Pedro OLAVE, éste como maestro principal. Se sabe que Juan OLAVE II intervino en la puerta del crucero al claustro en 1526. El cabildo hizo contrato con él y con su hijo Martín OLAVE, quien ya era el maestro de obra en 1541.

Como se ha comentado anteriormente no llegaron a terminar la obra del claustro. De haberse concluido sería un claustro de estructura gótica de planta cuadrada con siete tramos en cada lado y cinco arquerías abiertas al patio de los Naranjos, con elementos decorativos renacentistas.

El claustro se encuentra adosado a la pared sur de su iglesia, desde la mitad del crucero hasta la mitad de la última capilla, la de Sta. Lucía, por donde se abrió una entrada en arco cono-pial mixtilineo, característica del siglo XV que se conserva en el claustro actual, bajo la torre también comenzada por los mismos años.

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Claustro / Museo Diocesano

Los arcos forneros y de grandes vanos que se abren hacia su patio central son apuntados, moldeados en perfil gótico. En el frente, flanqueado por finas columnetas que sé abalaustran en lo alto, pueden verse peanas y doseletes a modo de relieves.

Los tramos del claustro se cubren con bóvedas de crucería estrellada, de trazados sencillos a partir de cruceros y terceletes con ligaduras, enriquecidos con nervios combados que forman dibujos.

La bóveda de la cúpula de la puerta de los Naranjos, o de las Vírgenes, cambia de diseño, ya que muestra nervios diagonales y terceletes en los lados menores.

Las claves están decoradas con medallones con relieves. Sus discos contienen molduras ornamentadas con motivos variados de tipo renacentista. Todos contienen bustos y cabezas de figuras humanas y angelotes.

Las repisas en el lado del patio se apean unas veces en una fina columna con basa propi aque se prolonga hasta la basa del pilar y otras veces penetran en el muro, quedando colgantes. Son semicónicas, molduradas, con un vaso decorado con motivos platerescos (angelotes, cráneos, animales fabulosos) y símbolos de la Pasión (como las Espinas y las Cinco Llagas.) Los medallones que decoran las bóvedas también ofrecen una muestra de los símbolos de la Pasión.

Los doseletes bajo los nervios de las bóvedas de crucería que cubren los tramos del claustro son de estilo renacentista, tanto los adosados a los pilares, como los de las pilastras del lienzo adosado a la iglesia. Desde el exterior son verdaderas arquitecturas renacentistas. Constan de vanos distribuidos en pisos (generalmente dos).

Los nichos, que se venden para sufragar los gastos, son para sus enterramientos. Dos en cada tramo, excepto en el primero hacia el oeste, donde se abría la Puerta de Santa Lucía, y en el sexto, donde se encuentra la Puerta de las Vírgenes. En total se cuentan diez arcosolios desde la Puerta de Santa Lucía.

La arquería del claustro se cierra en el año 1.975 quedando acondicionada para depósito de obras de arte provenientes de los pueblos deshabitados.

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